Grandvalira, la nieve accesible para todos

Como en cada viaje, semanas antes de salir, en casa andábamos planificándolo todo, leyendo información y apuntando todas las actividades que nos gustaría hacer, pero las dudas iban y venían sobre si nosotros podríamos hacer esta o aquella actividad, quien cuidaría de Eric?, ¿dónde y cómo podríamos aprender a esquiar? ¿qué sector de la estación escoger?  Para poner remedio a todo esto, me puse en contacto con la escuela de esquí de Grandvalira para hablarles sobre nosotros, tras varios días de intercambio de correos, recuerdo que en uno de esos mensajes decía “la falta de visión no es problema, de hecho no es problema nada” aquellas palabras dibujaron una enorme sonrisa en mi cara, a partir de ese momento el viaje cambió, se volvió emocionante.  Así que de esta guisa nos lanzamos a planificar actividades de nieve como si no hubiera un mañana.

Lo primero sería aprender a esquiar, la escuela se encargó de programar una clase de dos horas para nosotros, así que después de pertrecharnos con todo el material necesario, eso sí por el momento de alquiler.  En mi caso, tras superar los agobios iniciales por la incomodidad y sobre todo por la inseguridad, gracias a la paciencia y a los ánimos de David nuestro monitor, pude empezar a disfrutar de la clase, en cuanto a Alex, se le dio tan bien y le gustó tanto que quiso repetir al día siguiente.

Alex y Sandra esquiando, Grandvalira

A todo esto, ¿dónde estaba Eric mientras tanto? os preguntareis, pues en el Jardín de Nieve.  Este es un espacio para los nenes de entre 3 a 6 años, con zona interior y exterior, donde cuidan de ellos y les enseñan a dar sus primeros pasos sobre unos esquís.  Además tengo que reconocer que están para comérselos con sus cascos y sus esquís pequeñitos… y ellos disfrutan muchísimo, tanto que acaban agotados, una anécdota; una nena que se hizo amiguita de Eric se quedó dormida en una silla en plena nieve mientras su madre le quitaba las botas, que cosas…

Los niños en el jardín de nieve de espaldas todos equipados para esquiar.

Pero el plan de actividades de nieve no acababa aquí,  además del mushing del que ya os he hablado en otro post, queríamos hacer tirolina y motos de nieve, sí habéis leído bien, motos de nieve, fue la gran sorpresa!! pues nos explicaron que podríamos llevar cada uno una moto acompañados de un monitor.  Pero debido al mal tiempo nos quedamos a dos velas, en fin para la próxima…

Eric mirando el mapa de Grandvalira con todas la luces rojas de pistas cerradas.

Hasta aquí el relato sobre nuestra experiencia en Grandvalira, de la que nos queda la mejor de las sensaciones, haber encontrado un equipo de profesionales libres de prejuicios e ilusionados con el trabajo que hacen.

Si te ha gustado este post compártelo por favor, y ayudarás a que nos conozca más gente. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *